Salas de los Infantes, donde pisó el Iguanodón PDF Imprimir E-mail
Escapadas

Hay dos razones para visitar este pueblo (tres contando la gasolinera): los dinosaurios y la leyenda de los Siete Infantes de Lara. Además, una vez aquí descubriremos un paisaje precioso y un recorrido señalizado por un poblado eremítico del siglo XI. Está vallado con maderas y es una delicia caminar por el roquedal, ganando altura sobre el pueblo y los campos.

En la plaza de Salas hay un museo sobre dinosaurios y una réplica a tamaño natural de Iguanodón junto al río. En el museo organizan visitas guiadas a las icnitas, las huellas fósiles de los dinosaurios que se encuentran en las inmediaciones.

Pero antes de que la dinomanía invadiera medio mundo, Salas era conocido por la leyenda que le da nombre: la de los infantes de Lara:

Se cuenta que en tiempos del hijo de Fernán González hubo una dama, doña Lambra que se casó con Ruy Blásquez, tío de los Siete Infantes. En la boda el menor de los infantes mató a un primo de doña Lambra. Entonces la dama, agraviada, urdió un engaño para que su marido enviase al homicida a Córdoba y que quedase prisionero de los moros. Después negoció con los musulmanes una trampa para matar a los demás infantes, cuyas cabezas fueron presentadas a su padre, el señor de Salas. Ante tan terrible acto, el mismo Almanzor se apiadó del infante prisionero y le puso en libertad.

En la parroquia del barrio antiguo se guarda una urna con las cabezas de los infantes.

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