| San Pedro de Arlanza, la memoria de Fernán González |
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Podéis llegar desde Covarrubias en bicicleta o en coche, por una carretera estrecha que cruza y bordea el desfiladero del Arlanza. Tras dejar el vehículo en la explanada y recorrer el sendero que lleva a la puerta principal, os saldrá al paso desde el pórtico, una escultura de un caballero con armadura cuya montura pisotea un enemigo: es el mismo Fernán González. En este lugar, en el año 1250, un monje escribiría el Poema de Fernán González: no en vano la familia materna de Fernán González había fundado el monasterio. El monje que escribió el poema épico nos presentó al conde Fernán González como un héroe de la independencia de Castilla. Cuenta esta historia: Fernán González le vendió un azor y un caballo al rey de León (la cetrería, esto es la caza con aves, era uno de los entretenimientos favoritos de los nobles medievales). Le puso esta condición: cada día que se retrasase en el pago, el precio se doblaría. Tanto tardó el rey en pagar que no tuvo más remedio que entregarle al conde toda Castilla, que así se independizó.
Aunque este relato es ficticio, es cierto que en el siglo X los condes de Castilla contaban con bastante independencia para cobrar impuestos y organizar sus expediciones, guerras y negociaciones con los musulmanes. No obstante, formalmente continuaron sometidos al rey de León. Otra leyenda dice que el monasterio de San Pedro de Arlanza fue construido porque Fernán González perseguía en su juventud un jabalí cuando se tropezó con un eremita que vivía en una cueva: Pelayo. El ermitaño le profetizó que su porvenir sería duro y glorioso por la defensa de Castilla y la fe cristiana y Fernán prometió crear allí el monasterio. En época reciente, al removerse el terreno para acondicionar el monumento, se han encontrado tumbas visigóticas con restos humanos, lo que demostró la existencia de un edificio religioso anterior. San Pedro de Arlanza en la actualidad se encuentra en un estado de gran deterioro (fue desamortizado en el siglo XIX, hubo un incendio y sus pinturas románicas están en el Metropolitan de Nueva York). No obstante, puede visitarse, hay una persona encargada de vigilar el monumento y es posible recorrer los distintos pisos que se han consolidado con materiales modernos. En muchas épocas del año es un lugar misterioso, sin carteles ni guías que expliquen demasiado. Los niños pueden sentirse como auténticos exploradores. Para obtener una vista imponente de estas ruinas, subid por la carretera o por el camino que va por la ladera bajo ella. Ganaréis altura y podréis contemplar los ábsides y las capillas de una iglesia derruida. El conde Fernán González luchó para unificar algunos territorios de la primitiva Castilla contra los musulmanes y también contra los leoneses. Según la leyenda, el conde quiso sublevarse contra el rey de León para defender los derechos de los castellanos pero fue apresado y encadenado. Sólo pudo librarse de la prisión tras jurar fidelidad al rey leonés, Ramiro. Poco después se acordó que el hijo del rey, Ordoño y la hija del conde, Urraca se casaran. Cuando murió Ramiro, le sucedió su hijo Ordoño en el trono leonés. El conde Fernán González junto al rey de Pamplona y el hermano de Ordoño intentó quitarle el trono a este rey. Pero Ordoño estaba muy bien preparado para defenderse y resistió. Fernán González que era su suegro tuvo finalmente que volver a su servicio. En el año 940 Fernán González tomó Sepúlveda al emirato de Córdoba.
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