San Millán de la Cogolla, cuna del español PDF Imprimir E-mail
Escapadas

Si habéis visto la película de animación “El Secreto de Kells”, los niños podrán imaginar bien cómo era un “scriptorium” medieval. Pero los monjes riojanos no estaban tan preocupados como los irlandeses en las tintas y los dibujos para la creación de maravillosas miniaturas: aquí la joya que se pulía con esmero era el lenguaje. En San Millán los monjes escribieron una especie de diccionarios enciclopédicos: los códices. Escrito en el siglo X (poco después de la conquista cristiana) el códice llamado 46 es una fuente muy rica para conocer el latín español y el origen del castellano, además de para poder rastrear los contactos culturales con las culturas carolingia, germánica o africanas, favorecidos sin duda por su situación estratégica, en el camino de Santiago. Este códice 46 sirvió de modelo a las glosas emilianenses y a las silenses. El intercambio entre las bibliotecas de Cardeña, Silos, San Martín de Albelda y San Millán contribuyó también al esplendor cultural de este lugar. En San Millán también se encuentran las primeras evidencias escritas del euskera.

 

En los códices se reflejan casi todos los saberes del hombre de los siglos IX, X y XI y además, al hacer referencia a fuentes clásicas, permiten el estudio de la educación en épocas tan alejadas como la romana.

El camino hasta San Millán transcurre entre viñedos, campos y bosquecillos por una pequeña carretera. El lugar es agreste y misterioso por lo que no es difícil imaginar la vida del eremita Emiliano (san Millán), nacido en Berceo en torno al año 473. Según los últimos hallazgos arqueológicos en el siglo VI ya existía vida monástica en este lugar y durante los siglos de dominación musulmana, los enterramientos encontrados parecen demostrar que se mantuvo la fe cristiana.

En San Millán se visitan dos monasterios: el de Yuso (de abajo) y el de Suso (de arriba). Se deja el coche en una explanada en el pueblo y se accede a Suso en autobús.

En Suso se encuentra el Arca de San Millán, con las placas originales de una antigua arca realizada en el siglo X con relieves alusivos a la vida del santo. San Millán era pastor y otro ermitaño le instruyó, luego se hizo sacerdote pero regresó a la vida de ermitaño solitario y hacedor de milagros. Murió con más de cien años (una de las placas muestra a unas mujeres que lo cuidaban en su vejez). Dice la leyenda que cuando el rey D. García ordenó trasladar la arqueta con los restos mortales del santo fuera de Suso, los portadores quedaron clavados en el suelo, lo que se interpretó como un milagro y el rey D. García mandó construir el monasterio de Yuso, de abajo.

En San Millán se educó Gonzalo de Berceo, uno de los primeros poetas en castellano, representante del "mester de clerecía", la literatura medieval culta escrita por clérigos. El autor de "Milagros de Nuestra Señora" o el ·Libro de Alexandre" traduce del latín y también se inspira en la tradición oral para contar historias sobre vidas ejemplares (de santos y vírgenes).  Gonzalo de Berceo innova en la utilización de la lengua castellana (el latín era preferido por los estratos cultos) y también en la inclusión de palabras euskeras, además de por su original tratamiento de estos temas ya conocidos.

Las visitas a ambos monasterios (Suso y Yuso) son guiadas en horarios que pueden consultarse aquí: http://www.monasteriodeyuso.org/

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